La higiene de las persianas es un aspecto clave en la imagen de nuestra vivienda. Por ser un elemento que comparte tanto el interior como el exterior, su limpieza debe hacerse con frecuencia y cuidando mucho los detalles. En las mismas hay que retirar el polvo al menos una vez por semana, ello impedirá que se acumule suciedad más difícil de sacar.
Aún en viviendas muy limpias, cuyos propietarios se esmeran en mantener bien, éste es un detalle que no siempre se cuida; incluso en ocasión de visitar viviendas para alquilar, les confieso que yo, personalmente, es lo primero que observo.
Para las persianas de aluminio el cuidado fundamental es no emplear productos que puedan dañar la superficie, aunque ésta parece ser muy resistente. Para evitar esos problemas lo ideal es usar jabón neutro, disuelto en agua, en una proporción de 1 a 10. Se aplica con esponja o trapo, frotando bien, y luego se enjuaga con agua.
Las de PVC se limpian con líquido de lavavajillas disuelto en agua, y luego se enjuaga bien. En el mercado venden, además, productos específicos para su mantenimiento, como endurecedor. Limpiar siempre de arriba hacia abajo, y tener mucho cuidado con las esquinas, por lo que recomiendo: hay que hacerlo con paciencia.
Las persianas de madera se limpian en tres etapas. Primero se retira el polvo, con un trapo seco. Luego se pasa aceite de linaza (o linasa, en algunos países) y por último pasmos un trapo apenas humedecido en agua con jabón neutro.

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